Piedemonte. En los dominios de la encina

Las montañas del sistema central se alzan en el extremo sur de la comarca remarcando el límite con su erguida silueta que se recorta en el cielo suavizando las crestas que las coronan. En la sierra de Guadarrama destacan Siete Picos, La Mujer Muerta, la Sierra de Quintanar o los tres Calocos. Al oeste una línea de montañas se vislumbra en la lejanía, dónde la sierra de Malagón y la de Ojos Albos aparentemente se funden con las cumbres del macizo de Gredos, ya en la provincia de Ávila. La presencia de las montañas es constante en los paisajes de la Campiña Segoviana, indisociable de pinares y campos de cultivo, pero sin embargo apenas tienen influencia en sus ecosistemas, más allá del impacto visual. Tan sólo un pequeño retazo del piedemonte queda incluido en el territorio de Aidescom, el que comprende la franja de encinares que desde Labajos y Monterrubio se adentran en la llanura cerealista. Aquí la protagonista es la encina que cubre con un denso monte laderas y valles dando abrigo jabalíes y corzos que se alimentan de sus bellotas.

La encina también domina parte de la vegetación que cubre el macizo de Santa María la Real de Nieva, originando un paisaje que a primera vista es muy similar al del piedemonte. Un ejemplo es el cerro de la Virgen del Castillo, en Bernardos y las escarpadas laderas que flanquean el valle del Eresma a su paso por el macizo .

  • Ejemplar de sabina albar en el encinar