Riberas, Hilos de sabia que recorren la Campiña

Los ríos que atraviesan la Campiña Segoviana forman valles abiertos por los que las aguas se esparcen libremente durante los periodos de mayores crecidas. Por el contrario, cuando el verano acucia con pronunciadas sequías su cauce se reduce hasta casi desaparecer, dejando tan sólo una pequeña estela de juncos y praderas. La vegetación de ribera no es muy exuberante pero forma pequeños bosquetes de gran valor ecológico como las saucedas del río Voltoya, las fresnedas que rodean el Moros en Añe o Lastras del Pozo y los bosques de chopos, pobos y sauces que se alinean en el fondo del cañón que ha excavado el Eresma entre las arenas y margas. El comportamiento hidrológico de estos ríos está muy alterado como consecuencia de la extracción de agua de distintos pozos para el cultivo de regadío. En el caso del Voltoya sus aguas se han utilizado para la recarga del acuífero en la cubeta de Santiuste. Junto a la ermita del Pinarejo un pequeño embalse recoge el agua para desviarlo por sendas tuberías hasta los pozos de los hortelanos, excepto un pequeño remanente que se destina a la recarga de las lagunas de Villagonzalo de Coca.

A estos ríos principales se suman arroyos como el Balisa y arroyuelos de aguas temporales que atraviesan los campos de cultivo dando un pequeño respiro al paisaje. Ente los habitantes del entorno de la ribera se encuentran los visones, las nutrias y las garduñas. En el cauce viven truchas, barbos y bermejuelas y tampoco faltan las aves que colonizan la vegetación circundante como la llamativa oropéndola, las impresionantes garzas reales o el escaso Martín pescador. A ellas se suman pinzones, mirlos, chochines, petirrojos, pitos reales y lavanderas, entre otras.

  • Río Voltoya en primavera